EL OCASO DE LA PATRONAL DE MADRID

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Si acudimos al refranero tradicional español, el que más le cuadra a CEIM es aquel que dice “entre todos la mataron y ella sola se murió”, tal es la situación de una patronal, antaño unida y fuerte, relativamente independiente  y activa, pero hoy en estado preagónico, acosada por la Administración y en el punto de mira de la opinión pública.

Todo ello bajo la atenta mirada y evidentes signos de autosatisfacción de un conjunto de supuestos dirigentes empresariales que, con escasas excepciones aparte, no se han enterado o no quieren enterarse que el “invento” ya no tiene solución.

Desde la llegada de Gerardo Díaz Ferrán y el radical cambio económico, organizativo y, si se puede llamar así, ideológico, que impuso a la organización con el apoyo expreso de su Secretario General para el exclusivo apoyo a sus proyectos personales, que han tenido el fin que todos conocemos, CEIM ha dejado de cumplir sus objetivos fundacionales, conculcando a diario sus Estatutos y alejándose a toda máquina del común de los empresarios a los que dice servir y representar.

Hoy, la patronal de Madrid es una caricatura de lo que intentó ser. Y para colmo pretende cambiarlo todo para que todo pueda seguir siendo igual para unas pocas empresas y unos aparentes dirigentes empresariales ensimismados en sus particulares proyectos y ambiciones varias, pero lejos de los intereses generales de miles de empresarios que tienen derecho a sentirse frustrados, al tiempo que se alejan prudentemente de tanta nimiedad.

Ahora toca cambiar los Estatutos para reforzar el lobby de poco mas de 30 empresas, algunas de ellas de carácter público, que con su mayoría de votos en la Asamblea, han decidido la composición de lo que llaman órganos rectores que no pueden hacer otra cosa que obedecer a quien manda, que es el que más paga.

Al igual que en la nueva Ley de Cámaras, manda y ordena quién más dinero aporta y fuera o en las orillas quedan los que en su momento y a lo largo de tantos años, le dieron contenido y alma a decenas de organizaciones que, empezando por la propia CEIM, intentaron cumplir con los preceptos constitucionales y con unos Estatutos quizás anticuados, pero plenamente democráticos, igualitarios y participativos.

Preparémonos, pues, para los discursos vacios, politizados hasta la náusea, y a la perpetuación de un sistema en el que primen los intereses burocráticos y las ambiciones personales sobre la auténtica representatividad, los liderazgos empresariales limpios y transparentes, objetivos preferentes y últimos de la designación de interlocutores que otorga nuestra Constitución a las organizaciones de los empresarios.

Y quieren empezar por instaurar un código ético, sin saber lo que ello significa. Porque es muy fácil que nos preguntemos cómo aquellos que accedieron por los favores y trapacerías de Díaz Ferrán, los que han sido sus herederos, aunque ahora se intenten desmarcar, los que estuvieron ausentes durante el mandato de Fernández Tapias, los que han permitido la creación de decenas de siglas de supuestas y vacías organizaciones de empresarios, los que manejaron los fondos de formación en su provecho, los que colaboraron a que la gran Caja de Ahorros de Madrid se haya volatilizado, los que han vivido o siguen viviendo de asociaciones abundantemente regadas por intereses locales, los que han pagado sueldos millonarios a políticos o familiares con el dinero que aportamos todos, en fin, los que han llevado a la inanidad a una patronal que se merecía mucho más, digo, cómo van a pasar de predicar la ética a practicarla y a ser los paladines de la transparencia y la lealtad a una institución a la que han llevado tan bajo.

No es fácil que entiendan, desde su atalaya recién conquistada, que CEIM es solo una organización y que su fuerza provenía de la inmensa fuerza, ahora desaprovechada, de empresarios y organizaciones que van abandonando defraudados la nave que los acogió y que ahora solo permite que vuelvan a su seno si pagan la enorme minuta que precisan para continuar con sus monólogos y su sometimiento a otros intereses.

La historia de CEIM, especialmente en la última década, no es como para tirar cohetes, por decirlo suavemente, pero los proyectos que nos están siendo desvelados en los últimos días, nos avisan que lo peor está por llegar y creemos que, salvo que se produzca un milagro, por mucho que el Presidente nos regale su frase favorita alegando que en la embarcación estamos todos los EMPRESARIOS DE MADRID, lo normal es que una gran parte escoja la libertad y se enrole en otra nave, quizás más pequeña, pero más airosa y libre de iniciar nuevos rumbos que les hagan volver a soñar con la libertad perdida y el futuro prometedor que se merecen.

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